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Protocolo unificado
Atención primaria, Psicoterapia, Trastornos emocionales
 

 
Recomendaciones para la implementación del protocolo Unificado de Barlow en dispositivos de atención primaria
 
Torres Barbero, Tomás
Universidad Argentina de la Empresa (UADE)
 

 

Introducción

El objetivo del presente documento es ofrecer orientación e información a los efectores de equipos de atención primaria en el ámbito público de la salud mental sobre el grado de evidencia respaldatoria y modalidades de aplicación del protocolo Unificado de Barlow para el tratamiento de trastornos emocionales (de aquí en adelante PU) a efectos de que puedan evaluar su relevancia, aplicabilidad, ventajas, obstáculos y desafíos de la implementación del PU en sus dispositivos de atención, acorde a tanto a las características sociodemográficas de la población como a los recursos disponibles. El PU es una guía de tratamiento que puede implementarse tanto grupal como individualmente y ha mostrado desde el año 2010 resultados clínicos muy significativos en el tratamiento de trastornos emocionales (depresión, ansiedad, TOC y desregulación emocional). Actualmente, el PU ofrece un tipo de tratamiento accesible, económico tanto en sus recursos de implementación como en la formación que requiere su aplicación, abreviado, accesible y flexible, que puede contribuir a superar satisfactoriamente varias de las dificultades inherentes a la aplicación de los tratamientos psicoterapéuticos en atención primaria en salud mental. Finalmente, se discuten las ventajas y dificultades que fueron reportadas en su aplicación y se sintetizan los puntos clave del presente trabajo.

 

Prevalencia de trastornos emocionales

Los trastornos emocionales son un gran conjunto de trastornos que poseen como aspectos comunes la desregulación emocional, la evitación de experiencias y sensaciones físicas displacenteras y la preocupación y rumiación en torno a eventos pasados, presentes y futuros en torno a sí mismo y con respecto a los demás (Cano-Vindel, 2011). Éste es el grupo de trastornos psicológicos más prevalentes a nivel mundial y sus dos categorías más grandes son por un lado los trastornos de ansiedad, entendidos a grandes rasgos como un estado de alerta, preocupación y excitación. Se trata de respuestas emocionales ante el peligro percibido, que afectan particularmente aspectos fisiológicos que indican la excitación e intensidad de los síntomas, como la activación automática y ciertos aspectos cognitivos, como pensamientos disfuncionales y exagerados (Etchevers et al., 2023) y, por otro lado, los trastornos depresivos, entendidos como sensación continua de tristeza, disminución de la capacidad para experimentar placer, pensamientos de contenido negativo (ruina, muerte, fracaso, autocrítica), disminución de la energía, retraimiento social, alteraciones en la atención, la memoria, el apetito (típicamente disminuido pero también puede estar incrementado), el sueño (típicamente insomnio pero puede existir hipersomnia), disminución de la libido, entre los más frecuentes (Etchevers et al., 2023).

Actualmente, si bien en el campo de la salud tanto pública como privada en Argentina se afronta el desafío de la ausencia de cultura de la medición y de disponibilidad de información permanente y actualizada (Budassi et al., 2024), así como de informes epidemiológicos detallados con acceso público, se cuenta con evidencia de calidad que permite establecer que a nivel de todo el país y sobre todo en las provincias con mayor densidad poblacional y grandes urbes (como la ciudad autónoma de Buenos Aires y AMBA) la prevalencia e incidencia de trastornos emocionales va en ostensible aumento, siendo los mayormente afectados los jóvenes y luego de aproximadamente cinco años desde el final del ASPO (Aislamiento social preventivo y obligatorio) no se ha vuelto a retomar los niveles de prevalencia de trastornos pre-pandemia (Etchevers et al., 2023; Stagnaro et al., 2018; Plan provincial Integral de Salud Mental, 2022-2027).

En un estudio (Etchevers et al., 2023) con una muestra estratificada por región del país de 3141 personas se concluye que:

-El riesgo de trastorno emocional de la población general es 9,4%, siendo éste más alto en los participantes de menor edad.

-Los niveles de sintomatología ansiosa, depresiva y riesgo suicida son mayores en personas más jóvenes y con un estatus socioeconómico autopercibido menor.

-El 45% de los participantes presenta alguna alteración del sueño

-EL 51,71% de las personas que no realizan tratamiento psicológico perciben la necesidad de los mismos e informan no tener acceso.

Por otro lado, un informe de la OPS en 2018 en Argentina informa que:

-Los trastornos psicopatológicos, consumo de sustancias y suicidio explican el 19% de la discapacidad ajustada por años de vida (AVD) y manifiestan uno de los mayores porcentajes en cuanto a carga de enfermedad entre los 10 y los 40 años (40%).

Asimismo, un informe elaborado en el marco del plan Provincial Integral de Salud Mental establece que:

-En diciembre de 2019, PBA tenía solo once hospitales generales con guardia de salud mental, lo que evidencia la escasa disponibilidad de dispositivos en este nivel de atención y contrasta con el incremento en la demanda e incidencia de trastornos de Salud mental. Como consecuencia, muchas personas actualmente deben acudir a hospitales neuropsiquiátricos y recorrer largas distancias para acceder a una internación ante riesgo cierto e inminente (Ley 26.657).

El primer estudio epidemiológico en Argentina en salud mental es relativamente reciente (Stagnaro et al., 2018) y en una muestra representativa de 3927 personas encuentra que:

-La prevalencia de vida de cualquier trastorno mental en la población general de la Argentina en mayores de 18 años fue de 29,1% y el riesgo proyectado de vida hasta los 75 años fue de 37,1%.

-Los trastornos con prevalencia de vida más elevada fueron el Trastorno depresivo mayor (8,7%), el Trastorno por abuso de alcohol (8,1%) y la Fobia específica (6,8%). Los Trastornos de ansiedad fueron el grupo de mayor prevalencia (16,4%).

Del grupo total que manifiesta un trastorno emocional que puede clasificarse como de intensidad severa, sólo un 11,6% recibió tratamiento en los 12 meses previos.

 

Trastornos emocionales en atención primaria

Lo anteriormente mencionado da cuenta no sólo de la elevada prevalencia de trastornos emocionales en población general y en usuarios/as del primer nivel de atención, sino de la necesidad de llevar adelante en los efectores de salud pública una respuesta integral, interdisciplinaria y con fuerte base en la evidencia, priorizado la costo-efectividad de los tratamientos psicoterapéuticos en un triple sentido: i) que los tratamientos sean flexibles en cuanto a su modalidad de aplicación (dispositivos grupales y/o individuales, presenciales o remotos), ii) que favorezcan fuertemente la adherencia terapéutica, autonomía y autoeficacia de los usuarios/as y iii) que sean tratamientos protocolizados: esto lejos de ser un capricho metodológico tiene que ver con la una suma de facilidades ampliamente documentadas tanto para el terapeuta como para el paciente, que se sintetizan a continuación:

Para el terapeuta

Formación: un tratamiento con módulos predeterminados resulta más fácil tanto de transmitir como de aprender y aplicar por parte de los psicoterapeutas.

Economía: la facilidad de su enseñanza y aprendizaje hace que no se requiera un amplio despliegue de recursos en cuanto a contratación de expertos en dicho tratamiento ni de tiempos prolongados de formación.

Flexibilidad: al contar con módulos predeterminados su aplicación puede planificarse en modalidad individual (presencial u online) y grupal (presencial u online) sin sacrificar efectividad y eficacia.

Abordaje de la comorbilidad: posibilidad de tratar varios trastornos al mismo tiempo sin sacrificar efectividad y eficacia.

Desfragmentación del circuito de salud: posible menor cantidad de derivaciones, menor solapamiento inter-servicios y mayor continuidad en el seguimiento, lo que predice mayor adherencia terapéutica.

Escalabilidad: Enseñanza y entrenamiento a varios equipos de psicoterapeutas en simultáneo.

Monitoreo: Una característica central de los protocolos de tratamiento es que, por su naturaleza de encontrarse basados en la evidencia, los indicadores de avance clínico son fácilmente cuantificables, medibles y observables. Incluso con indicaciones claras para el manejo y seguimiento de situaciones urgentes.

Interdisciplinariedad: ofrece una base conceptual y metodológica para una mejor coordinación interdisciplinaria, en los casos donde la hubiere (psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, etc.).

Alineamiento con recomendaciones internacionales: OPS, OMS, NICE, APA.

Para el paciente

Transferencia: el carácter protocolizado de estos abordajes radica en su componente fuertemente práctico, donde el paciente (individualmente o junto a núcleo familiar y/o cohabitante) desarrollará habilidades específicas y aplicables en la vida cotidiana.

Reducción del estigma: el carácter transdiagnóstico evita la identificación al cuadro psicopatológico y promueve el enfoque en procesos a modificar más que en un "rótulo" específico.

Autoeficacia y autonomía: La consecuencia directa de los dos puntos anteriores es el aumento en la autoeficacia y autonomía percibida del paciente, aspecto cuya relación con la motivación y resultados positivos se encuentra ampliamente documentada (Miller y Rollnick, 2023).

Accesibilidad: la flexibilidad de los protocolos estandarizados favorece la accesibilidad del paciente al tratamiento: puede incorporarse en forma individual, grupal, presencial y en el caso del PU incluso en forma remota, con el único requisito de disponer de acceso a un dispositivo con internet.

Desfragmentación del circuito de salud: Reduce tiempos de espera, descongestiona los dispositivos de atención individuales y de consultas para especialistas (ej: autolesiones, TCA, dx del neurodesarrollo, etc.), promueve la adherencia del paciente al sistema de salud, evitando profundizar la saturación del mismo debido al carácter grupal y transdiagnóstico de este tipo de protocolos.

 

Criterios categoriales y criterios dimensionales

El surgimiento de las TCC (terapias cognitivo-conductuales) coincide con la entrada en auge del sistema clasificatorio categorial de los trastornos psicológicos, que a principio y mediados de la década del 80 había cristalizado en el conocido Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales en su tercera versión (DSM-III y DSM III-TR) (APA, 1980). Con significativas mejoras con respecto a su antecesor, el DSM III continúa con la lógica categorial donde se estipula que un diagnóstico se establece a partir de una colección de criterios mínimos a cumplirse. Si bien ésto fue un ostensible avance en cuanto al conocimiento de los fenómenos psicopatológicos y ha contribuido enormemente al desarrollo de las intervenciones basadas en la evidencia, el DSM IV y DSM IV-TR no han presentado mejoras sustanciales con respecto al DSM III, cuestión que se acentúa luego de la publicación del DSM V (APA, 2013). Las expectativas de ésta última edición se han visto frustradas al observar que, luego de 20 años de ostensibles inversiones en investigación, no se observaban cambios notables desde la publicación del DSM IV en 1994.

Muchos expertos han establecido que la disminución de los criterios a cumplir para cumplir con un diagnóstico psicopatológico en el DSM V llevaría a una "inflación diagnóstica" (Frances, 2014) que no refleja fielmente la prevalencia de trastornos mentales en las poblaciones y difícilmente se traduce en acceso a mejores tratamientos. La última actualización del manual ha ocurrido en marzo de 2022 con la publicación del DSM-V-TR no subsana la crisis que se ha abierto desde la salida del DSM V hace 12 años, sino que acentúa la necesidad de establecer alternativas al sistema categorial.

Tales alternativas existen y han surgido de líneas de investigación diferentes:

Manual de diagnósticos psicodinámicos operacionalizados OPD: la OPD task Force (2007) ha dirigido esfuerzos en investigación que han cristalizado en un sistema diagnóstico multiaxial que logra operacionalizar con éxito los principales constructos de las psicoterapias psicodinámicas modernas a lo largo de 5 ejes bien diferenciados que guían la formulación del caso y la intervención del mismo.

Criterios de dominios de investigación (Research Domain Criteria, RDoC): el criterio dimensional como contrapuesto a los sistemas categoriales es la principal propuesta de Insel et al., (2010) al establecer que, en la investigación en psicopatología clínica, un acercamiento dimensional más amplio que categorías dicotómicas (ej: "el sujeto cumple o no con los criterios de depresión mayor") ofrece mejores resultados y permite llegar a un conocimiento más refinado. Este paradigma no está basado en la aplicación clínica sino en la investigación y se basan en una visión neurobiológica de los trastornos mentales, desarrollando una matriz de diferentes niveles de análisis, desde el molecular hasta el neuropsicológico, aunque sin incluir los niveles culturales o sociales (Celleri et al., 2025).

Dentro del campo de las terapias cognitivo-conductuales, en las últimas décadas han proliferado los enfoques transdiagnósticos. Este desarrollo se sustenta en una evidencia creciente de que muchos trastornos comparten un conjunto de procesos patológicos que son más similares que diferentes entre sí. En consecuencia, estos modelos proponen intervenir sobre dichos procesos comunes (como la desregulación emocional, el afecto negativo, la evitación experiencial o las creencias disfuncionales) con el propósito de lograr cambios transversales y más perdurables que los obtenidos al centrarse exclusivamente en las particularidades de un único diagnóstico. La relevancia de esta perspectiva se acentúa al ver que en la práctica clínica los pacientes rara vez presentan un cuadro "puro": como es sabido, la comorbilidad es la norma más que la excepción. A su vez, incluso dentro de categorías diagnósticas bien definidas como depresión, múltiples estudios han demostrado la ausencia de perfiles sintomatológicos claramente diferenciables (Torrente et al., 2017), lo cuál sitúa al clínico frente a ostensibles desafíos en cuanto a la formulación del caso, la jerarquización de intervenciones y el monitoreo de resultados. Todos éstos aspectos se ven satisfactoriamente integrados en la perspectiva transdiagnóstica, que propone que el mejor beneficio será el resultante del abordaje de los procesos que los diferentes cuadros tienen "en común", y no en el abordaje de las categorías diagnósticas específicas en forma aislada.

Por ejemplo, en un caso donde según el criterio categorial el paciente adulto cumple con multidiagnóstico: episodio depresivo mayor (296.21; 6A70), trastorno de ansiedad no especificado (F41.9;6B00.Z), trastorno de insomnio (F51.01; 7A00) y TOC (F42; 6B20) una perspectiva transdiagnóstica o basada en procesos (Hayes y Hoffman, 2018; 2020) sugeriría que el abordaje de la evitación experiencial, la rumiación y la regulación emocional como procesos comunes ofrecerá mejores resultados que el abordaje específico y secuencial para cada trastorno específico.

Algunas de las perspectivas transdiagnósticas en el campo de las TCC que han resultado en programas de tratamiento con efectividad ampliamente demostrada son:

Red causal compleja en psicopatología: Borsoom y Cramer (2013), Borsoom (2017) y Van Bokulo et al., (2015) han centrado esfuerzos en investigación con resultados notables en la identificación de la existencia de una relación reticular entre síntomas (una red interconectada de síntomas donde la activación de algunos síntomas nucleares lleva a la activación de otros síntomas secundarios o periféricos, mientras que otros permanecen "apagados" o inactivos) llegando a importantes hallazgos con poder heurístico sobre la explicación de cómo comienza, se mantiene y se extingue un cuadro psicopatológico y explicando también la forma en que aspectos resilientes influyen significativamente en la red causal de síntomas.

La terapias de tercera ola (Hayes, 2004) se fundamentan en principios trasndiagnósticos: la terapia de aceptación y compromiso (ACT) (Hayes, 1999; Hayes y Hofmann, 2018) que es la más representativa de ésta corriente, se basa en una serie de procesos de cambios transversales a todos los diagnósticos psicopatológicos donde se promueve la flexibilidad cognitiva (hexaflex) a través de la modificación de procesos específicos comunes y presentes en los cuadros que los criterios categoriales clasifican como "trastornos emocionales" (APA 1994, 2013, 2022).

El enfoque transdiagnóstico para los trastornos emocionales de David Barlow y colaboradores resulta actualmente uno de los exponentes más notables y difundidos con respecto a los tratamientos transdiagnósticos en salud mental. Desde el año 2000 en la Universidad de Boston se han realizado múltiples esfuerzos dirigidos a la identificación de los procesos mórbidos comunes en los trastornos emocionales (ansiedad, depresión, desregulación emocional y TOC), cuyos resultados se sintetizan inicialmente en Barlow, Allen y Choate, (2004) donde los autores transmiten la posibilidad de llevar adelante una psicoterapia manualizada, aplicable, flexible y basada en la evidencia basándose en un modelo funcional de las emociones, que augura resultados clínicamente significativos en el tratamiento de las comorbilidades en el campo de los trastornos emocionales. Ésta fue la piedra angular de la que luego se desarrollaría el Protocolo Unificado de Barlow para los trastornos emocionales tal como se conoce actualmente, donde se propone, unificando las técnicas con mejor evidencia de los modelos basados en procesos y las TCC, identificar y trabajar sobre tres procesos: i) modificar la evaluación cognitiva ii) prevenir la evitación emocional y iii) facilitar las conductas no asociadas con la emoción (Celleri et al., 2025).

 

Protocolo Unificado de para el tratamiento de trastornos emocionales

El PU consiste en ocho módulos o "capítulos" que, si bien constan de una sesión de 50 minutos a una hora cada uno, ofrece la flexibilidad de extender la cantidad de sesiones por módulo acorde a las necesidades y características del/los participantes. Cada uno de los módulos conlleva tareas intersesión con autorregistros (materiales) cuyos resultados se revisan en sesión junto con el/los pacientes y el orden de los módulos expresa la lógica general de cualquier tratamiento basado en la evidencia: una etapa de evaluación y análisis funcional, una etapa de devolución, establecimiento de objetivos y aumento de motivación y adherencia, el tratamiento propiamente dicho y finalmente la consolidación de resultados y prevención de recaídas a futuro. Se ofrece un vistazo sintético del contenido de cada módulo {ver tabla 1}.

 

¿Hay evidencia que permita sugerir al Protocolo Unificado como tratamiento aplicable a trastornos emocionales en la atención primaria?

Si bien el PU goza de consenso internacional y es ampliamente aplicado en múltiples instituciones de salud públicas y privadas, el estado actual de los resultados del PU en la Argentina y la confiabilidad de su implementación en los dispositivos de abordaje de atención primaria en salud mental en Argentina no es uniforme {ver tabla 2}.

La revisión de la literatura en la aplicación del PU en Argentina permite observar lo siguiente:

-A la fecha de elaboración de este documento se encuentran publicados 5 trabajos completos (2 de ellos estudios controlados) que evalúan los resultados del PU en pacientes argentinos (N =47), todos ellos adultos, mayores de edad y residentes de la Provincia de Buenos Aires o CABA, balanceados en género (χ2=.21, p=0.06), edad (p=0.67) y nivel educativo (p=0.54).

-El año de publicación promedio de estos trabajos es 2022.

En la totalidad de los ensayos se han obtenido tamaños de efecto muy elevados (.48 en adelante, promedio=.71) y diferencias estadísticamente significativas en la medición postratamiento (p<0.001) en mediciones estandarizadas para: depresión, ansiedad generalizada, TOC, afecto negativo, desregulación emocional y correlaciones positivas con bienestar vital, afecto positivo y conciencia emocional plena.

El promedio de duración del tratamiento ha sido 3 meses, con una media de 11,5 sesiones semanales de una hora de duración. En todos los casos la aplicación del tratamiento fue grupal {ver tabla 3}.

La interpretación crítica de los resultados permite concluir que:

-La investigación y aplicación del PU en Argentina resulta claramente incipiente y no es un tratamiento ampliamente difundido y establecido.

-Una muestra de 47 pacientes es muy reducida para recomendar con seguridad cualquier tratamiento y resultan necesarios más estudios controlados, con una muestra más grande y representación de grupos sociodemográficos más diversos (residentes por fuera de CABA o Provincia de Buenos Aires).

-La cantidad de estudios controlados a nivel nacional resulta muy reducido (N=2), aún para los criterios más flexibles (Cujipers, 2019).

-Sin embargo, es destacable que en la totalidad de estos estudios se reportan tamaños del efecto muy elevados (ÃŽ" de Cliff promedio=.71), que brindan alguna seguridad en torno al grado de generalización de los resultados alcanzados.

-También es notable el hecho de haber obtenido resultados significativos no sólo en dispositivos grupales sino también a través de intervenciones grupales telemedidas, lo cual combina un aparente elevado grado de generalización con una aplicabilidad y accesibilidad notablemente elevadas.

-Por la naturaleza del tratamiento, la evidencia a nivel nacional replica lo encontrado a nivel internacional con respecto al PU: se satisfacen ampliamente los criterios de aplicabilidad, costo-efectividad, manualización, replicabilidad y la posibilidad de seguir y medir en forma clara los resultados.

 

Conclusiones

En síntesis, el riesgo relativo a la ausencia de un mayor número de estudios controlados y el carácter incipiente de la aplicación del PU en el país se ve atenuado por la potencia estadística de los resultados obtenidos, su muy elevada aplicabilidad (fácilmente aplicable en formatos grupales donde la deserción parece haber sido muy reducida), accesibilidad (es posible aplicarlo de forma individual, grupal, presencial y online, y en todos los casos se ha llegado a resultados significativos), flexibilidad (pueden ampliarse la duración de los módulos o modificar ligeramente su orden en función de las necesidades del/los pacientes sin que ello afecte negativamente los beneficios clínicos postratamiento) y su carácter económico (al aplicarse en forma grupal se eficientizan los recursos disponibles, no es necesario certificación ni formación de especialistas para su aplicación, la formación en el PU resulta rápida y costo-efectiva debido al carácter transdiagnóstico del tratamiento y a que se adapta a cualquier estilo terapéutico del psicoterapeuta (Fernández Álvarez y García, 1999).

La evidencia de resultados clínicos que reporta el PU en un plazo comparativamente breve de tiempo y la adaptabilidad de su implementación, sumados a la situación ostensiblemente crítica de salud mental en Argentina y PBA y la alta prevalencia de trastornos emocionales llevan a la conclusión de que es razonable recomendar la implementación local del PU en atención primaria.

Estudios extranjeros sugieren que el impacto de una situación de salud mental como la presente puede poseer un costo total del 3,5% del PBI (OECD, 2020) y que en 2030 la depresión pueda consolidarse como la primera causa de discapacidad en edad laboral (OMS, 2020). Además, se estima que las pérdidas en tratamientos sostenidos que no producen cambios significativos sumado a la presencia de comorbilidades y recurrencias no tratadas acarreará en los próximos años un gasto sanitario público de 7,3 billones de dólares en la región de Latinoamérica si todo sigue igual (PAHO, 2025). Partiendo desde la base de que uno de los efectos más notables pero menos evaluados y medidos a nivel local y regional (Giménez, 2012) es el impacto socioeconómico que tiene la situación de salud mental actual en el tejido social de Argentina y fundamentalmente en las grandes urbes, cuyo correlato último es la reducción de la productividad acompañada de un menoscabo en la actividad económica y el consumo acompañados de un incremento en el desempleo y que por otro lado el acceso a los tratamientos con mejor fundamento empírico es un derecho consagrado en la Ley de Salud Mental 26.657 y en nuestro Código de Ética de la Federación de Psicólogos de la República Argentina, se deriva de forma lógica la responsabilidad inexcusable que tenemos los profesionales de la implementación de tratamientos que resulten accesibles, flexibles, económicos, aplicables, sensibles a las necesidades actuales de la comunidad donde nos encontramos insertos y que cuenten con respaldo demostrado de sus resultados clínicos. La evidencia recabada en el presente documento indica que el PU satisface con creces los aspectos anteriormente nombrados, constituyendo una alternativa muy promisoria para la mejoría de la salud mental de las comunidades que atraviesan trastornos emocionales, a las que como profesionales debemos nuestra labor.

Se considera la recomendación de la implementación del presente protocolo como alineada con el espíritu de lo establecido en el Plan Provincial de Salud Mental Integral 2022-2027, especialmente donde reza:

"Avanzar en la garantía de (...) intervenciones clínicas implica el desencadenamiento de procesos de trabajo hacia el interior de los hospitales generales en torno a sus obligaciones primarias y su modelo de atención, que impactan en la planificación estratégica de ingreso de recursos humanos, adecuación edilicia, procesos formativos para el conjunto de las y los trabajadores, (...) así como la jerarquización de los servicios. En última instancia, no es (...) sino un cambio de cultura institucional y del lugar de la salud mental en el sistema de salud que requiere ser trabajado en diferentes dimensiones".

 

Resumen para decisores en salud, equipos y coordinadores del primer nivel

Con respecto al actual estado de salud mental en Argentina

-Si bien los estudios son escasos, la prevalencia de trastornos emocionales en adultos en población general es del 29,1% y se proyecta que puede llegar a ser del 37,1%.

-Los jóvenes y población perteneciente a nivel socioeconómico bajo y medio-bajo son los más afectados.

-Más de la mitad de las personas encuestadas en los tres estudios citados transmitieron su deseo de comenzar o retomar tratamiento, pero han informado no tener acceso (no lograr acceder a turnos del sistema de salud público o dificultades económicas).

-Esta tendencia nacional se replica en PBA, lo cual implica un notable menoscabo en el tejido social y productividad laboral y económica de la población en edad laboral. El único estudio encontrado estima una afección de entre 2 y 3,5 puntos del PBI.

-De todas las consultas registradas de las que hay datos y de los escasos estudios epidemiológicos, se desprende que la gran mayoría del padecimiento en salud mental está explicado predominantemente por trastornos emocionales.

Con respecto a la atención primaria

-La ley Nacional de Salud Mental 26.657, Ley Nacional 27.130 y las Leyes Provinciales 14.580 y 10.315 establecen la necesidad de garantizar el acceso a la evaluación, tratamiento y seguimiento de más alta calidad en Salud Mental a todos los habitantes.

-No obstante, en el subsistema público se cuenta con ostensibles dificultades en cuanto a la cumplimentación efectiva de tales prestaciones, dentro de las cuáles resultan las más renombradas: la saturación de servicios por sobredemanda, elevada comorbilidad y gravedad sintomatológica, ineficiencia en cuanto al procedimiento de asignación de turnos, número acotado de profesionales, escasos recursos formativos, escasez de recursos edilicios, procedimientos administrativos, ausencia de protocolización de procedimientos.

Con respecto al Protocolo Unificado

-La implementación del PU aparece como oportunidad de innovación inédita en tratamientos de salud mental en el ámbito público por varios motivos:

-APLICABILIDAD: al ser un tratamiento protocolizado, resulta no sólo fácil de enseñar a los psicoterapeutas sino altamente aplicable, sin necesidad de especialización ni certificación.

-FLEXIBILIDAD: al estar probado en su aplicación a grupos de participantes, se eficientizar los recursos edilicios, humanos y en cuanto a tiempo. Sumado a lo anterior, este aspecto hace del PU un tratamiento muy aceptable en términos de costo-efecto.

-CARÁCTER TRANSDIAGNÓSTICO: al ser diseñado para tratar los procesos centrales comunes a todos los trastornos emocionales (por eso se llama unificado), ofrece la posibilidad de abordar de forma muy efectiva la comorbilidad, es decir, ofrece la chance de tratar varios trastornos a la vez a través de un único tratamiento.

-DURACIÓN: la evidencia indica que el PU no sólo resulta fácilmente aplicable en grupos (lo que eficientiza los recursos), que es fácilmente transmisible (no se requiere personal especializado ni certificaciones especiales) y que permite tratar la comorbilidad (varios diagnósticos en un único tratamiento unificado) sino que parece tener resultados clínicamente significativos en corto período de tiempo, lo cual contribuyente a reducir ostensible y eficientemente el costo socioeconómico de la actual situación de salud mental.

-SEGURIDAD: Al ser un protocolo de tratamiento basado en la evidencia, se encuentra respaldado por múltiples estudios aleatorizados y controlados que ofrecen evidencia de su funcionamiento en la reducción del malestar sintomático y el aumento asociado en la calidad de vida. La evidencia en el extranjero es muy favorable, de modo que es un tratamiento de primera línea ampliamente usado en el subsistema público. La evidencia en nuestro país aún es incipiente, aunque con una tendencia favorable.

-LIMITACIONES DEL PU: el PU no está testeado aún en poblaciones que padecen cuadros graves como trastornos de personalidad graves o psicosis, lo que hace desaconsejar su uso en este tipo de diagnósticos, que resultan muy prevalentes en las consultas del primer nivel de atención. Lo mismo en situaciones de adicciones o politoxicomanías. Un criterio de exclusión es la presencia de ideación suicida activa, que en tal caso lleva a aconsejar otro tipo de tratamientos y no el PU. Por último, aún no ha sido testeado ampliamente en población infantojuvenil.

-OPORTUNIDADES DE APLICACIÓN DEL PU: el entrenamiento de psicoterapeutas en el PU y su eventual implementación conlleva un desafío notable para los servicios de salud mental del primer nivel en múltiples aspectos y tal proceso no está exento de barreras y dificultades, considerando aún los enormes esfuerzos asistenciales que se encuentran llevando adelante los quipos de Salud Mental.

Sin embargo, tales esfuerzos se verían optimizados por la aplicación de un protocolo de tratamiento con las características anteriormente nombradas. La evidencia indica que el esfuerzo en el entrenamiento y evaluación de la aplicabilidad de este tratamiento en diferentes servicios cristalizará en una práctica con notables resultados para los usuarios y un beneficio ostensible en el tejido social, optimizando y eficientizando a la vez los recursos sanitarios disponibles.

 

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